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Arrozales de Banaue, patrimonio cultural de la humanidad

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Arrozales de Banaue, patrimonio cultural de la humanidad

El municipio de Banaue se encuentra en la región administrativa de la Cordillera de Luzón, una de las más de 7.000 islas que forman el archipiélago de Filipinas. En esta región, a 1.525 metros de altitud sobre el nivel del mar, miles de hectáreas de arrozales tapizan las laderas de las montañas formando la considerada Octava Maravilla del mundo: las terrazas de Banaue. Estos arrozales de 2.000 años de historia, que los nativos Ifugaos han ido esculpiendo generación tras generación, fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995.

En los interminables tramos de escaleras ascendentes, los Ifugao siguen cosechando el arroz al modo de sus antepasados. Mediante un sistema de regadío a base de tuberías de bambú, los riachuelos discurren canalizados a través de las terrazas milenarias. Este sistema agrícola es mundialmente reconocido por su sorprendente armonía. En la época de las lluvias, las cimas de las colinas absorben el agua y la distribuyen gradualmente sobre las terrazas de arroz, evitando éstas a su vez lo que podría desembocar en grandes inundaciones y erosiones. Los arrozales son además filtros naturales que proveen de agua potable a los habitantes de los valles. Es un sistema natural en el que sociedad, cultura, agricultura, clima y naturaleza conviven e interactúan armoniosamente.

Los arrozales son además filtros naturales que proveen de agua potable a los habitantes de los valles.

La época de cosecha, en Octubre, es una celebración especial en la que los nativos salmodian el “hudhud”. Éste es un recital cantado que data del siglo VII, compuesto por doscientas historias de cuarenta episodios cada una, en donde la mujer, por tratarse de una cultura matriarcal, es la que lleva la voz principal.  Las celebraciones duran entre tres y cuatro días y también se canta en la siembra y en los velatorios.

A pesar de ser reconocidas internacionalmente como un prodigio de la naturaleza, las terrazas de Banaue están en peligro. Por un lado está el cambio en el crecimiento de la población, que lleva a que los jóvenes herederos de las parcelas se vean arrastrados cada vez más a la vida urbana, conscientes de la dificultad para mantener y cultivar estos arrozales como lo hicieron sus ancestros. La explotación turística constituye otra amenaza para estas “escaleras del cielo”, al haberse multiplicado el número de visitantes para mantener los ingresos. El turismo ha estimulado la producción industrial, el deterioro de las zonas cosechadas y la escasez de agua, viéndose el manantial obligado a distribuirse para hoteles y restaurantes. Algunos nativos de Banaue han dejado el cultivo porque les resulta más fácil vivir del turismo. Sacan pequeños beneficios del ecoturismo (viaje responsable inspirado en la naturaleza), prestando sus viviendas para alojamiento, dejándose sacar fotos por algo de dinero o ejerciendo como guías turísticos los que conocen bien la zona.

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